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Noticias sobre CINCO - 06 Oct 2019

Las nuevas formas de la violencia en Nicaragua

Durante muchos años las autoridades nicaragüenses se ufanaban en repetir la frase de que el país era el más seguro de Centroamérica considerando que las estadísticas eran menos elevadas que en el resto de la región. Esa afirmación era cuestionada pues el país no estaba aislado de los cambios que estaban experimentando las dinámicas de la seguridad y la violencia en el resto de los países centroamericanos. La crisis sociopolítica que estalló en abril de 2018 y se mantiene hasta hoy puso en evidencia la precariedad de las condiciones de seguridad y potenció distintas formas de violencia, especialmente aquella ejercida desde el Estado en contra de los ciudadanos. La ficticia seguridad antes de abril Antes del 2018, la situación de la seguridad presentaba una dinámica de cambio al menos en tres aspectos: la delincuencia común, el crimen organizado y la violencia política. Aunque las estadísticas oficiales sobre seguridad posicionaban al país en condiciones favorables junto a Costa Rica y Panamá, a lo interno lo cierto es que la situación venía cambiando y los niveles de inseguridad se incrementaban gradualmente. Por ejemplo, en el caso de la delincuencia común el país presentaba un repunte en los robos y asaltos no sólo en la frecuencia sino también en el incremento de la violencia con que eran cometidos. La violencia sexual también presentaba una tendencia de cambio, especialmente en el caso de los femicidios y las violaciones que no solo se habían incrementado en cantidad sino en el nivel de saña con que se cometían. Durante muchos años las autoridades nicaragüenses se ufanaban en repetir la frase de que el país era el más seguro de Centroamérica considerando que las estadísticas eran menos elevadas que en el resto de la región. Esa afirmación era cuestionada pues el país no estaba aislado de los cambios que estaban experimentando las dinámicas de la seguridad y la violencia en el resto de los países centroamericanos. La crisis sociopolítica que estalló en abril de 2018 y se mantiene hasta hoy puso en evidencia la precariedad de las condiciones de seguridad y potenció distintas formas de violencia, especialmente aquella ejercida desde el Estado en contra de los ciudadanos. La ficticia seguridad antes de abril Antes del 2018, la situación de la seguridad presentaba una dinámica de cambio al menos en tres aspectos: la delincuencia común, el crimen organizado y la violencia política. Aunque las estadísticas oficiales sobre seguridad posicionaban al país en condiciones favorables junto a Costa Rica y Panamá, a lo interno lo cierto es que la situación venía cambiando y los niveles de inseguridad se incrementaban gradualmente. Por ejemplo, en el caso de la delincuencia común el país presentaba un repunte en los robos y asaltos no sólo en la frecuencia sino también en el incremento de la violencia con que eran cometidos. La violencia sexual también presentaba una tendencia de cambio, especialmente en el caso de los femicidios y las violaciones que no solo se habían incrementado en cantidad sino en el nivel de saña con que se cometían.